Por Maríaluna Schreiner Cintrón voluntaria en el Huerto Modelo de la Reserva Natural Cabezas de San Juan, Fajardo
No hay nada más rico que un pesto hecho con orégano brujo y albahaca cosechados una hora antes en el huerto de Cabezas de San Juan.
Ser voluntaria me ha reafirmado mi sueño de ser agricultora y chef a la vez.
En la universidad me enseñan teorías. La madre naturaleza, en cambio, me enseña la realidad. Conocer esa realidad, todo lo bello (¡cosechando!) y lo difícil (¡cuando las iguanas comen las plántulas del vivero!) es necesario para que haya agricultores boricuas que entiendan que sembrar no es fácil, pero sí necesario.
Este trabajo ha cambiado mi perspectiva.
Ya no me importa estar cubierta de tierra ni encontrar hormigas locas en mi composta, ya que son parte de la naturaleza que nos rodea. Tengo conocimiento nuevo, cuándo y cómo trasplantar las plántulas en el vivero; para qué sirve la artemisia y el poleo; cómo diferenciar la malanga, la yuca, la cúrcuma; cómo preparar el biofermento de ajo; cómo mantener la proporción balanceada de carbón y nitrógeno en la composta. Además, trabajar en el huerto me llena con un propósito, salgo cada día con paz, como si alguien me hubiera dado un regalo.
Siempre se puede comprar pesto en el supermercado. Es fácil de comprar. Pero cuando hay que trabajar para cosechar, la salsa pesto sabe única y más rica.