Solidaridad caribeña tras el paso del huracán Melissa por Jamaica: entrevista a Manuel Mercado Martin, coordinador de seguridad de Para la Naturaleza

Para la Naturaleza, en colaboración con la Asociación de Navieros de Puerto Rico, Perez y Cía Shipping Agency, Sea Air Systems, y ZIM Integrated Shipping Services, organizó y supervisó la entrega de un contenedor con suministros con el objetivo de apoyar la recuperación de comunidades en Jamaica tras el paso del huracán Melissa el 28 de octubre de 2025. Los suministros fueron entregados a la Agencia Nacional de Medio Ambiente y Planificación (NEPA, por sus siglas en inglés), que es la agencia gubernamental principal a cargo de la protección ambiental, la gestión de recursos nacionales, así como de la planificación espacial y el uso de tierras en Jamaica.

Nuestra colaboración incluyó la recolección, el empaque y el envío de suministros para cubrir necesidades básicas de alimentación así como herramientas esenciales para la recuperación. Basándonos en nuestra experiencia tras el paso del huracán María por Puerto Rico en 2017, nos enfocamos en la importancia de las operaciones de despeje de caminos y remoción de escombros como mecanismo para establecer y fortalecer redes de apoyo locales. 

A través de nuestras experiencias como comunidad isleña impactada por grandes tormentas y huracanes, y como organización de conservación encargada de proteger ecosistemas, así como comunidad caribeña moldeada por estos eventos, sabemos de primera mano que uno de los elementos más determinantes en la recuperación de una población es su capacidad de conexión. Tanto en comunidades humanas como no humanas, la habilidad de conectarse es uno de los factores principales para mantener una población saludable y poder recuperarse de una crisis. 

La limpieza post-tormenta es una parte crítica para mantener la conectividad necesaria que permita a las comunidades fortalecerse y apoyarse mutuamente. Abrir caminos y senderos hacia lugares remotos permite que la ayuda llegue a personas aisladas o en situación de vulnerabilidad, y puede marcar la diferencia entre la esperanza y la desesperación, entre la vida y la muerte. Por esta razón, la donación incluyó kits para la limpieza de escombros.

Los kits incluyen motosierras profesionales y los suministros de mantenimiento necesarios, además de suficiente equipo de protección personal para cubrir cinco equipos de 5 a 10 trabajadores cada uno. Un grupo bien equipado trabajando en el terreno puede limpiar muchas millas de senderos y caminos, proporcionando la conectividad vital para quienes más la necesitan.

Como parte de la comunidad caribeña de conservación, creemos que una de nuestras mayores fortalezas y responsabilidades es participar activamente en una red de apoyo común, trabajando juntos en la planificación, preparación y recuperación ante diversas crisis y eventos climáticos extremos. Esperamos continuar desarrollando estas colaboraciones, que fortalecen nuestra capacidad de cumplir nuestro rol de proteger nuestros ecosistemas tropicales interconectados. 

En lo pronto, nos encontramos ya planificando una visita de seguimiento para realizar entrenamientos de seguridad post-tormenta. Esperamos muchas más oportunidades en las que seguir fortaleciendo nuestro vínculo por la protección de las especies y ecosistemas que se benefician de prácticas de manejo responsables y que sostienen el equilibrio del que dependemos, como humanidad entretejida con la naturaleza.

Manuel Mercado Martin

Coordinador de Seguridad Para la Naturaleza

RRC: ¿Cómo se inicia la idea y cómo se efectúa el primer contacto para esta entrega de suministros?

MMM: La idea se inicia en conversaciones pasadas que habíamos tenido dentro de Para la Naturaleza cuando repasamos las lecciones aprendidas luego del paso del huracán María sobre Puerto Rico. En ese momento, hablando sobre qué cosas podíamos hacer mejor, el licenciado Lloveras, presidente de Para la Naturaleza,  nos encomendó pensar en cómo podíamos ayudar a nuestros vecinos en caso de que algo como esto ocurriera. Nosotros teníamos algunos abastos dentro de nuestros almacenes, así que cuando ocurre el impacto de Melissa en Jamaica, nuevamente Lloveras nos pide que tratemos de juntar un esfuerzo de apoyo para ese país. Algunas cosas ya las teníamos en nuestros almacenes, pero muchas otras tuvimos que comprarlas, ordenarlas y esperar a que llegaran antes de enviarlas.

En ese momento, el proceso de envío hacia Jamaica no estaba claro y, a través de la compañía de transportistas Pérez y Compañía, en combinación con ZIM Transport y Sea Air Systems, se estaba organizando el envío de una serie de suministros por parte de los navieros de Puerto Rico. Por ello, unimos esfuerzos para que en un mismo vagón pudiésemos incluir las ayudas que queríamos enviar. Se dio entonces una colaboración entre esas organizaciones que mencioné, donde Para la Naturaleza asumió el rol de liderazgo una vez estas otras organizaciones manifestaron su interés en colaborar, ya que cada cual indicó de qué manera podía aportar. Algunos ayudaron con el empaque del vagón, otros con el embarque de aquí a Jamaica y otros con la preparación de los bills of lading y la documentación necesaria.

De este modo, recayó sobre nosotros identificar quién iba a ser el recipiente de las ayudas en Jamaica y conseguir, por parte de aduanas, el permiso de entrada del vagón, así como coordinar el recogido y la entrega final. Para esa etapa, nos pusimos en comunicación con la NEPA (National Environment Planning Agency), que es la agencia líder en protección ambiental y permisología en Jamaica, con la cual Lloveras tiene comunicación, ya que tienen representación en la IUCN y la representante del gobierno de Jamaica ante la IUCN trabaja con NEPA. Ella fue quien nos fue conectando con las personas clave para poder descifrar todo el proceso de solicitudes de permisos y, finalmente, definir el lugar de recepción y la manera de distribución final.

RRC: ¿Cuándo fue la visita y quiénes asistieron? ¿Qué tipo de ayuda se ofreció?

MMM: La visita fue para finales de enero, del 26 al 28. El 27 de enero fue el día de trabajo que tuve allí para ayudar a recibir los suministros que enviamos. Hubiésemos ido antes, pero hubo varios retos para poder recibir toda esa mercancía que queríamos enviar desde Puerto Rico; primero recopilarla, luego reempacarla, y quizás lo que más tiempo tomó fue que aduanas en Jamaica nos diera el permiso de levante del vagón. Nos encontramos con un freno en el proceso; inclusive, para la misma NEPA, que nos estaba ayudando, fue difícil la comunicación con la agencia de manejo de emergencias, que era quien estaba manejando, en combinación con aduanas, el permiso de levante del vagón. 

Una vez ocurrió el levante y se confirmó, entonces pude confirmar mi vuelo. Fui yo solo, ya que el propósito de este viaje era asegurar que todos los suministros se distribuyeran apropiadamente. Para que cupieran todos en el vagón, hubo que desempacar muchas cosas y armarlas como un rompecabezas. Había artículos de primera necesidad como agua, alimentos enlatados y comida para mascotas, pero la otra mitad del cargamento consistía en herramientas y piezas de mantenimiento. 

Para que estas fueran funcionales, había que distribuirlas en kits donde cada herramienta estuviese organizada con su equipo de apoyo correspondiente: motosierras con limas, recipientes de gasolina, aceite para operarlas y cadenas de reemplazo. Si no se redistribuían y organizaban, podía resultar confuso para quien las recibiera y, si no se distribuían de manera organizada, terminaban no siendo efectivas. Esta fue otra lección aprendida en Puerto Rico: aunque llegaban ayudas, muchas veces estas no llegaron a las manos correctas de una manera organizada; era un reto y causó problemas.

RRC: ¿Cómo se decide, en tiempo real, qué organismos o comunidades reciben los suministros primero cuando la infraestructura está colapsada y la información llega fragmentada o tarde, y qué criterios guían esas decisiones?

MMM: Uno depende mucho de las redes de colaboración que existen en cada comunidad afectada. Son decisiones que, para quien está afuera, son muy difíciles de tomar, porque no ha tenido el tiempo de análisis, las herramientas ni la comunicación necesaria para evaluar la situación completa y tomar una decisión informada. Así que se depende de contactos confiables dentro del área impactada y de que estos contactos a su vez formen parte de redes de comunicación que sean las encargadas de identificar los lugares con mayor necesidad. 

En este caso, NEPA maneja varias áreas de conservación y ya tiene establecidas estas redes, porque las áreas que administra las maneja en colaboración con organizaciones locales no gubernamentales. Los líderes de estas ONG se convierten entonces en los representantes de cada área. De esta manera se forma la red de comunicación. NEPA convoca a los líderes de estas áreas de manejo, y es responsabilidad de estos conocer sus áreas particulares y las necesidades existentes, de modo que la información se comparta y se distribuyan los suministros. 

Siempre hay que tomar decisiones cuando los listados de necesidades son vastos, porque hace falta de todo, desde lo más básico para que la persona que responde pueda subsistir: comida, agua y, a su vez, agua y alimento para su familia. Eso es lo primero. Luego se pasa a necesidades como transporte y comunicación para poder llegar a los lugares donde hace falta trabajar, y entonces a qué herramientas se necesitan para poder remediar. Aunque las necesidades son variadas, y van desde lo más primordial hasta labores de restauración de hábitats, primero hay que cubrir la gama completa de necesidades humanas antes de llegar a la etapa de trabajo relacionada con la misión de la organización.

Lo que es común en todos los casos es la prioridad de las necesidades básicas de las personas que están trabajando y la interconectividad de las comunidades, porque ahí se multiplica la capacidad de ayuda mutua. En eso nos enfocamos: en abrir vías de comunicación proveyendo herramientas para despejar caminos. Notamos en María que esto fue clave para poder llegar de un sitio a otro y permitir que los vecinos se ayudaran entre sí.

De nada vale enviar dos vagones de botellitas de agua si no pueden llegar a las comunidades que las necesitan. Sabemos que, en María, muchos vagones de donaciones nunca llegaron a su destino planificado porque no había acceso. Por eso, lo que montamos en esta donación fueron kits de herramientas para abrir caminos, con motosierras, equipo de mantenimiento y equipo de protección personal, para velar por la seguridad de quienes realizan estos trabajos de alto riesgo.

RRC: ¿Qué parte de la logística humanitaria y qué asuntos de seguridad suelen subestimarse hasta que el equipo está en el terreno, en términos de puertos dañados, carreteras intransitables, falta de combustible y burocracia local, y cómo esos obstáculos transforman el plan original?

MMM: Todo eso se vuelve muy evidente después de un huracán. Cada uno de esos factores ocurre en distintas escalas, pero todos son significativos y alteran los planes de manera marcada. No hay forma de saber con exactitud con qué se va a encontrar uno; hay que mantener flexibilidad para ajustarse, y no existe una receta fija para manejar estas situaciones. Todo se mueve en una escala que va desde el individuo, luego su comunidad, su municipalidad y, finalmente, su gobierno. En la medida en que haya planificación previa y preparación, puede haber abastos de combustible, maquinaria y alimentos, y esas comunidades son mucho más resilientes. 

En otras, por razones que van desde la falta de recursos económicos hasta la falta de conocimiento, no se toman precauciones y el impacto es mayor. Conozco personas que estuvieron de visita en Jamaica la semana antes del huracán y que, al estar conectadas a las redes sociales y a las fuentes oficiales de información de Puerto Rico, sabían que el huracán venía y cambiaron su vuelo para regresar. Sin embargo, al conversar con el personal de los hoteles donde se hospedaban, se dieron cuenta de que muchos locales no sabían que el huracán se aproximaba. Estamos hablando de empleados de grandes cadenas hoteleras, donde uno asumiría que la gerencia tenía ese conocimiento. Surge entonces la pregunta de por qué no se notifica al personal. Muchas veces se quiere mantener la operación como si nada hasta el último momento, y eso crea vulnerabilidades mayores.

La dificultad para adaptarse a estos retos varía enormemente: puede ser manejable si hubo preparación, o completamente azarosa si no se tomaron medidas. Con la experiencia acumulada que tenemos como sociedad, no deberían haber muertes. Sin embargo, seguimos viendo hospitales sin suficientes abastos de agua o energía, sin sistemas de respaldo para equipos vitales, al igual que individuos que en sus viviendas no toman ninguna precaución y dependen de la suerte o guardan alguna esperanza en que el gobierno irá a resolver. En gran parte, el sufrimiento tras los huracanes responde a la capacidad del ser humano de ignorar riesgos que sabe que existen.

RRC: ¿De qué manera el cansancio emocional al presenciar la devastación afecta la toma de decisiones del personal y de los equipos de apoyo, mientras siguen respondiendo a la emergencia?

MMM: Sí, pues al ser seres humanos nosotros en realidad somos seres sorprendentemente frágiles. Aunque aparentemos tener mucha tecnología y creamos que estamos en el control de nuestras vidas, solamente hace falta pasar frío y hambre una noche para saber que las capacidades de decisión de uno bajan exponencialmente. Rápidamente, cuando uno no está en un estado de balance de salud, empieza a tomar decisiones basadas en su sobrevivencia personal más allá que en el bien común.

En estos momentos de crisis, la respuesta comienza a depender de unos pocos que, a su vez, están viviendo el mismo estado de crisis. Sus capacidades de tomar buenas decisiones, de buen manejo, manejo seguro de equipo y maquinaria, y de planificación comienzan a deteriorarse por la fatiga. Parte de la planificación de respuesta a emergencias tiene que ser establecer turnos razonables para el personal de respuesta, para protegerlos de ese cansancio y asegurar que las decisiones que se estén tomando siempre sean en un estado mental y emocional estable.

Se sufre; es algo que afecta todo manejo de crisis, el stress que reciben los respondedores. Esos eventos son fuertes para las personas, pero también sacan las mejores caras de los seres humanos. Es algo bien edificante y positivo ver cómo saca lo mejor de las personas, pero no deja de ser peligroso. Hay quienes pueden sacar esa mejor cara y continuar hacia adelante dando el trabajo, pero están quemando los últimos cartuchos. Si no fuese por esa fortaleza de espíritu y de carácter que tienen, están a veces sin dormir, sin comer, y no es la manera óptima de responder. Claro, en una crisis nada es óptimo.

Hay que reconocer que, en general, no nos preparamos para eventos catastróficos con suficiente atención. Sabiendo lo que sabemos hoy en día y teniendo los recursos que tenemos, como quiera tenemos la tendencia de pensar que eso no nos va a pasar a nosotros, que eso no va a volver a pasar. Eso pasó una vez y ya. Estamos bien por los próximos veinte años, y es bien difícil a veces ir en contra de esa tendencia humana. Obviamente, los seres humanos siempre tienen preocupaciones y ansiedades que son necesarias para la sobrevivencia, por tanto a los eventos catastróficos que requieren planificación y esfuerzo se nos hace más difícil darles atención. El ser humano hace algún cálculo en su mente y dice que esa atención se la puede estar dedicando a algo que es más provechoso en lo inmediato. Tal vez en lo inmediato sí es cierto que se le puede dedicar atención a algo más provechoso, pero a largo plazo, cuando se necesita esa preparación, ahí sí va a ser vida o muerte.

Como participantes acá en Para la Naturaleza, dentro de una comunidad caribeña, queremos y hemos reconocido que tenemos que tomar un rol más activo en fortalecer los lazos que nos van a beneficiar en un momento de crisis para ayudarnos mutuamente aquí en el Caribe. Tenemos que aprender a ayudarnos mutuamente y, en esa ayuda mutua, está la escala individual, la escala comunitaria y la escala de vecinos geográficos. Esta colaboración es el comienzo de reconocer que tenemos que convertirnos en una red de apoyo caribeña para poder ser exitosos con nuestra misión de conservación de recursos.

Después del huracán no solamente sufrimos los seres humanos que vivimos en esta zona geográfica; nuestros ecosistemas también sufren mucho, y los impactos a los ecosistemas son predecibles. Sabemos qué va a pasar con la marejada ciclónica, sabemos qué va a pasar con los vientos huracanados en nuestros bosques, sabemos cuáles son las especies críticas y las especies que están en estado vulnerable en nuestros bosques que van a ser afectadas. Ya podemos empezar a trazar planes de respuesta de antemano, identificar que si va un huracán directo, por poner un ejemplo, a República Dominicana, sabemos que el gavilán de La Española, que es una especie en peligro de extinción, va a necesitar ayuda justo después.

No hay que esperar a que pase el huracán, a que se haga un análisis y a que alguien diga que las poblaciones del gavilán están bajando, porque eso se sabe desde ahora que va a pasar, al igual que pasa con nuestra cotorra puertorriqueña. Hay ciertos pasos que, como organización de conservación, nos interesa empezar a tomar para minimizar los daños que puedan ocasionar los impactos climatológicos, tanto a nuestras comunidades humanas como a los ecosistemas.

RRC: ¿Qué se aprende de una operación como esta y cómo define lo que entendemos como solidaridad?

MMM: Se aprende que, más allá de los daños, peligros y amenazas a la vida que traen los eventos climatológicos, también podemos predecir los impactos ambientales y responder de manera colectiva. Compartimos ecosistemas similares en el Caribe y, por lo tanto, nuestros planes de respuesta deben estar interconectados. 

La colaboración con Jamaica no debe detenerse aquí; debe abrir una conversación de preparación para el próximo evento, sin saber a qué comunidad humana y no humana afectará. Si unimos conocimientos y recursos, podemos establecer planes que definan qué ayuda puede aportar cada cual y cómo hacerla llegar. Esto incluye conservación, transporte, procesos de permisología y aduanas. Finalmente, identificar representantes locales que puedan evaluar daños y coordinar la distribución de recursos permitirá construir un plan integral de respuesta caribeña y crear mayor resiliencia en sus ecosistemas.



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